Disolución del Grupo Anarquista Los Incendiadores

•24 mayo 2012 • Dejar un comentario

Desde el Grupo Anarquista los Incendiadores queremos anunciar a través de este comunicado nuestra disolución. En los últimos meses el grupo no ha tenido ninguna actividad y varios compañeros han abandonado el grupo mientras que otros se han incorporado y tras tres años de irregular actividad, siempre con el objetivo de difundir los valores y las ideas que guían al anarquismo, hemos decidido poner fin a la existencia de Los Incendiadores.

El fin de Los Incendiadores no quiere decir que sus integrantes dejemos de militar. Simplemente hemos optado por reconvertir el proyecto acercándolo a sus orígenes, cuando no era más que un blog de difusión libertaria. Aunque el blog de Los Incendiadores seguirá activo para que todos los textos elaborados hasta la fecha no se pierdan, a partir de ahora comenzamos un nuevo proyecto.

El nuevo blog estará centrado en el ámbito de la comunicación alternativa a los medios comerciales y desarrollaremos tres actividades, fundamentalmente:

  • Elaboración de textos propios sobre la actualidad desde un punto de vista libertario
  • Recopilación de noticias aparecidas en páginas medios alternativos en castellano
  • Traducción de textos aparecidos en medios alternativos en otras lenguas

El nuevo proyecto estará alojado en infoestcommunia.net

Saludos revolucionarios. Nos vemos en las calles.

Grupo Anarquista Los Incendiadores

Sobre paripés y huelgas generales

•20 abril 2012 • Dejar un comentario

El pasado 29 de marzo asistimos a un nuevo show mediático, mal llamado huelga general, convocado por los sindicatos de Estado y secundado por todas las organizaciones y movimientos obreros de base. A continuación dejamos una breve reflexión, tras participar activamente en la jornada en Madrid, sobre el significado de este tipo de huelgas y de la presencia del movimiento libertario en ellas.

Unos días después de la jornada de huelga general, todo parece que ha vuelto a la normalidad, pero ¿por qué?

La razón principal es que la huelga ha pasado de ser la herramienta básica de la clase trabajadora para luchar por sus intereses a un paripé más de la farsa que es la democracia parlamentaria, junto a las elecciones y las campañas, las cumbres políticas, las negociaciones entre patronal y sindicatos y demás elementos esenciales del circo democrático. La forma y el contenido de las mal llamadas huelgas generales, en realidad paros de 24 horas convocados irresponsablemente por los sindicatos de Estado, no hacen sino forzar a los trabajadores con un mínimo de conciencia de clase a cometer un acto hipócrita. Esto deriva en muchos casos en pérdidas de nuestros ya precarios puestos de trabajo o un buen pellizco de nuestro salario o un conflicto con los patrones difícil de ganar. En definitiva, un mayor o menor sacrificio destinado a no conseguir nada, más allá de participar en el show de la huelga general democrática.

Resulta especialmente ilustrativa la nula importancia que para los sindicatos de Estado tiene el nivel de participación en la jornada de paro. Los datos de seguimiento, grotescamente falseados por convocantes y gobierno son un dato invariable, independientemente de que la huelga sea secundada por uno o seis millones de trabajadores. Cómo pueden tener la poca vergüenza de falsear estos números de forma tan extrema. La única razón: banalizar estos datos y hacer que pierdan toda relevancia, un elemento más del paripé.

El hecho de que el nivel de participación sea algo irrelevante convierte también en un acto simbólico un elemento esencial de las huelgas como son los piquetes. Gran parte de la población se muestra contraria a los piquetes, ya sean meramente informativos o más consistentes. Hemos de entender que los piquetes existirán hasta que los trabajadores puedan ejercer plenamente su derecho a la huelga, y no sea necesario contrarrestar el terrorismo patronal en forma de amenazas, extorsiones y despidos a aquellos que quieran ir a la huelga. Sin embargo no se conoce actuación policial alguna para preservar este derecho y sí para reprimir los piquetes, como sucedió en distintas partes de la ciudad de Madrid como Carabanchel, Plaza de Santa Ana o, silenciado por los medios, Lavapiés. Por otra parte, la mayoría de los piquetes realizados son parte también de un espectáculo sin sentido, pues se realizan en el centro de la ciudad en lugar de los barrios obreros o se empecinan en cerrar la mercería de turno que abrirá de nuevo cuando el piquete se aleje unos metros.

Los medios de comunicación comerciales son también parte del show huelguístico contemporáneo. Cada medio da su opinión preconcebida de los acontecimientos, posicionándose cada uno con lo que toque, sin atender a lo que realmente sucede en la calle y realizando un seguimiento más mediático que veraz de lo que ocurre. No pierden oportunidad para criticar cualquier acción que se salga del guión informativo de los piquetes para criminalizar y denunciar a aquellos que se toman la huelga más en serio. Lo dicho, los medios del capital haciendo su trabajo, sacando fotos de contenedores ardiendo y no de palizas policiales.

Representativo de todo esto es el ambiente lúdico-festivo de algunos piquetes que recorrieron la ciudad y las manifestaciones-paseo de las que fuimos testigos por la tarde. Muy lejos queda aquella concepción de principios del siglo XX de la huelga general revolucionaria que daría paso a una auténtica rebelión laboral y, por tanto, social. Huelgas generales como esta son un símbolo vacío de contenido y sin eficiencia, representado por ese desmesurado cordón policial cercando al Corte Inglés de la calle Preciados, impidiendo el acceso de los piquetes cantarines y al servicio de los fotógrafos al acecho de la imagen de una piedra volando que denunciar.

El movimiento obrero de base y la huelga general

Siendo tan evidente que la llamada “huelga general” es un acto político del que poco beneficio puede sacar la clase trabajadora resulta especialmente estridente que organizaciones sindicales de base centren buena parte de su estrategia en reclamar la convocatoria de un acto tan absurdo e irresponsable como es un paro general de 24 horas en la actual coyuntura.

Si bien se puede considerar una buena noticia que exista un proyecto común entre las diferentes iniciativas que buscan crear una alternativa desde la base a los sindicatos del Estado, el buscar imitar las mismas tácticas que llevan a cabo CCOO y UGT es un camino evidentemente equivocado.

Si se desarrolla un trabajo en común entre sindicatos de base éste debe ser a nivel local y siempre de abajo arriba, con la voluntad de construir una conciencia de clase que pueda permitir en el futuro llevar a cabo movilizaciones más amplias. Desde el anarcosindicalismo, mejor que desde ningún otro sitio, se debería saber que una huelga general no es un punto de partida, sino una culminación a un trabajo de concienciación social y de construcción de una alternativa al sistema. Una huelga general sin una participación masiva de la clase trabajadora es siempre un paripé más destinado a tener repercusión en los medios de comunicación que a cumplir unos objetivos útiles para la lucha social.

Una vez el show está en marcha

Ahora bien, es muy posible que en los próximos tiempos los grandes sindicatos decidan poner en marcha otro circo como el del 29 de marzo o los seis anteriores en el llamado periodo democrático. Sería bueno realizar una reflexión colectiva dentro del movimiento libertario acerca de cómo actuar una vez el show esté en marcha y no dejarse llevar por el automatismo y la costumbre de lo que es el papel de los anarquistas dentro de las huelgas generales.

Para ello hay que pensar en qué se puede ganar y qué se puede perder participando activamente en el paro y cómo se puede actuar una vez éste se ponga en marcha. Actuar de forma coherente en un espectáculo mediático puede acabar teniendo el resultado de que se pierda más de lo que se gane.

Actuar coherentemente en una huelga es poner en marcha piquetes que tengan efectividad con un objetivo claro: que la huelga tenga el mayor seguimiento posible a pesar del terrorismo patronal. El problema es que en una farsa como ésta la participación es más bien irrelevante y también la actuación de los piquetes, como ya hemos dicho.

Esto supone que si se actúa con cierta coherencia, formando piquetes en zonas alejadas del centro en las que se viene desarrollando acción sindical de base durante todo el año o se organizan manifestaciones en barrios obreros en los que se pueda hacer llegar el mensaje a personas implicadas en la problemática que se denuncia, la visibilidad será nula y posiblemente lo único que se consiga es un tremendo desgaste y el mayor peso de la represión policial.

La otra opción es participar en el show. Organizar piquetes festivos, manifestaciones-paseo por el centro y entrar en Sol con batucadas y banderas. De este modo es posible que se consiga salir en la tele, repartir miles de panfletos e incluso pasar un día divertido, pero a costa de qué. A costa de participar en la prostitución del concepto de huelga, que no olvidemos, es nuestra única arma como trabajadores frente a la posición de superioridad que ostentan los patrones.

Esto es lógicamente sólo una opinión que muchos podrán refutar con distintos argumentos. No aspiramos a que todo el mundo la asuma, pero sí a que en próximas convocatorias como la del 29M por parte de los sindicatos de Estado se genere un debate en el seno del movimiento libertario teniendo en cuenta estas consideraciones nacidas de la experiencia y de la reflexión tras participar activamente en esa gran farsa que fue la última “huelga general”.

¡El circo electoral ha llegado a la ciudad!

•14 noviembre 2011 • Dejar un comentario

Enhorabuena: ¡el circo electoral ha comenzado y tú estás invitado a participar! Lo nunca visto llega a nuestras calles, mucho más sorprendente que la mujer barbuda o el mono equilibrista. Pasen y vean a los políticos que nos han reducido los salarios, que han recortado los gastos sociales sin tocar el presupuesto militar o la financiación a la monarquía, que han subido los precios de los transportes públicos, que permiten la corrupción y la evasión fiscal de los ricos y poderosos y que, en definitiva, están tratando de que los trabajadores paguemos una crisis que no hemos provocado.  Y como colofón final, tú mismo podrás tomar parte en el show otorgándoles tu apoyo, como si nada hubiera ocurrido.

 

Por desgracia, los políticos no son unicamente payasos, son quienes gestionan nuestras vidas y sólo nos reclaman cada cuatro años con el único fin de que introduzcamos una papeleta con su nombre en una urna. Ese es su concepto de la democracia. Da igual el nombre del partido al que representen, los grandes sólo hacen lo que los pequeños no pueden. Después de varias décadas sufriendo su democracia, llegamos a la conclusión de que el problema es el sistema y los partidos minoritarios son parte de él.  Su papel es darle una representatividad de la que carece. Votándoles, aceptas las reglas del juego parlamentario y lo legitimas. La única opción coherente frente al parlamentarismo es la abstención activa.

 

Desde el poder, a través de los medios, ocultan una realidad innegable: el abstencionismo es siempre la opción mayoritaria, por encima de cualquier partido. Existe un mito alrededor de la figura del abstencionista, que se nos presenta como una persona pasiva, individualista e irresponsable. Lo cierto es que, teniendo en cuenta la potente campaña a favor de la participación en las elecciones que realizan los medios de comunicación y con la que se nos adoctrina durante toda nuestra vida en la escuela, el hecho de tomar la decisión de no acudir a votar supone por sí mismo una acción consciente y decidida de no desear participar en el juego electoral, sea el razonamiento más o menos elaborado. Dando la vuelta al mito, bastante más pasiva es la masa despolitizada que acude cada cuatro años a introducir una papeleta en una urna por inercia social, sin mostrar un interés real por la problemática que le rodea.

 

El anarquismo defiende otro tipo de organización social, basada en el asamblearismo y la democracia directa. Para nosotros la abstención no es un fin, sino una consecuencia de actuar de forma coherente, sin delegar en nadie para resolver nuestros problemas.

 

Esta gran velada circense tendrá lugar el próximo 20 de noviembre. Puedes acudir con toda la familia y participar de forma activa, siendo un muñeco en manos de los titiriteros profesionales. Pero, desde aquí, te animamos a que tomes otra vía:

 

Autoorganiza tu vida, no delegues en nadie tu responsabilidad, participa y crea estructuras de base y empecemos entre todos a resolver nuestros propios problemas. Sólo así podremos alcanzar una sociedad verdaderamente libre e igualitaria.

 

¡¡¡Por la abstención, por la democracia directa, por la ANARQUÍA!!!

15-O en Madrid: Bloque Anarquista y Autónomo

•14 octubre 2011 • Dejar un comentario

Este 15 de octubre algunas/os anarquistas y autónomos/as de Madrid participaremos de la manifestación del 15 de octubre formando un bloque propio. Te invitamos a que nos juntemos y unidos demos cuerpo a un espacio antiautoritario.
Nos vemos a las 18 hrs, el 15 de octubre, de Cibeles a Sol.

¡ESTE 20N NO VOTES, ABSTENCIÓN ACTIVA!
¡POR LA EXTENSIÓN DE LA REVUELTA!
¡HACIA LA HUELGA GENERAL!

Hace tiempo que descubrimos que la única solución posible a los errores del sistema es su completa destrucción y no el tratar de mejorar lo existente. No pedimos nada a este sistema basado en la corrupción y la injusticia, no queremos reformarlo para que la dominación y la explotación sean más llevaderas.

El problema no es la crisis, si no es capitalismo, del cual nosotras/os también formamos parte con nuestro consumo y participación en el proceso de producción. Debemos asumir nuestra parte de responsabilidad y actuar en consecuencia, consumiendo y produciendo lo menos posible. Okupando espacios abandonados donde vivir, llevar a cabo puntos de encuentro, lugares para el aprendizaje, difusión política… reciclar los deshechos del capitalismo: comida, ropa, muebles, utensilios… creando alternativas al trabajo asalariado: huertos urbanos, colectividades de todo tipo, grupos de consumo ecológico, auto-empleo en cada uno de los oficios que sea posible, etc.

El tomar las plazas y llevar a cabo asambleas es un primer paso para enfrentarse al sistema (no para formar parte de él), puesto que el parlamentarismo y el asamblearismo son conceptos opuestos, ya que una sociedad puede basarse en la opresión y la falta de capacidad de decisión por parte de la inmensa mayoría (parlamentarismo) o en la igualdad y la libertad a la hora de tomar las decisiones (asamblearismo), pero nunca en un híbrido de ambas. Debido a que son conceptos opuestos y tarde o temprano eso desembocará en un enfrentamiento entre ambas formas de organización.

Una vez hayamos construido la alternativa asamblearia, ya podemos comenzar a resolver por nosotras/os mismas/os los problemas que nos genera el Estado y el Capitalismo. Si nos desahucian por impago, recuperemos nuestra casa okupándola. Si se cierra una empresa y se despide a las/os trabajadoras/es, okupémosla y gestionémosla de forma asamblearia y horizontal. Si hay redadas racistas en el barrio, avisemos a las/os vecinas/os y expulsemos a la policía del barrios. Si en las escuelas
y Universidades estatales se adoctrina y enseña a ser sumisas/os a las/os niñas/os, colectivicemos la educación y que no existan especialistas, creando librerías autogestionadas, Centros Sociales Antiautoritarios, bibliotecas sociales, distribuidoras anticapitalistas, jornadas de todo tipo, debates…

Nos declaramos opuestas/os a la Constitución Española, basada en la traición de la izquierda durante la transición española y donde se recogen los fundamentos de un sistema totalitario, como cualquier sistema estatal. Que únicamente representa a los intereses de los opresores, quedando como siempre y de forma lógica, nuestros “derechos” en papel mojado. La única constitución válida es la que arde y nos gustaría ver una gran fogata en la puerta del sol con miles de ellas.

Ante los últimos recortes sociales que ha llevado a cabo el Gobierno: Reforma laboral, jubilación a los 67 años, privatizaciones… y la cada vez mayor represión: 25 detenidas/os el 15 de Mayo, constantes desahucios y desalojos, decenas de heridas/os y más detenidos/as ante la visita del Papa, redadas racistas en los barrios más desfavorecidos, una compañera condenada a 8 años de prisión, decenas de policías absueltos de torturas y malos tratos, un compañero preso recientemente, las/os detenidas/os por una vivienda digna juzgadas/os hace muy poco…

Tenemos que organizarnos y plantarles cara a quienes se creen que son nuestros dueños, porque se ha demostrado que la lucha es la única forma de conseguir mejorar las condiciones de vida. Y también es el único camino para que la autoridad no campe a sus anchas con total impunidad, destruyendo el entorno, matando a millones de animales y dominando a toda la humanidad.

Falta un mes para que la clase política vuelva a intentar usurpar nuestra capacidad de organización y toma de decisiones, no se lo pongamos fácil. El voto blanco o nulo son una estafa del sistema parlamentario para que formes parte de él. La única respuesta real y coherente es no ir a votar y seguir luchando en las calles, para no legitimar su sistema jerárquico y autoritario.

Ha llegado el momento de pasar a la acción, la historia es nuestra y la escriben los pueblos.

BLOQUE ANARQUISTA Y AUTÓNOMO
15 de octubre de 2011

Si quieres sacar copias del comunicado: http://dl.dropbox.com/u/6866802/folleto_mani_15oct.jpg

Los medios de comunicación y el anarquismo

•3 julio 2011 • Dejar un comentario

Nos ha tocado vivir en un momento histórico de severa crisis económica. Aventurar sus consecuencias no es fácil, pero todo parece indicar que el estado de bienestar que ha salvaguardado la paz social en Europa durante las últimas décadas puede estar herido de muerte.

La situación, en cualquier caso, no es halagüeña para los trabajadores del viejo continente. Aunque papá estado parece estar en retirada y la democracia desprestigiada a base de corrupción y actitud servil con la banca y el gran capital, nadie cree que el sistema tenga alternativa. Buen caldo de cultivo para fascismos o populismos de cualquier tendencia. Mal asunto para todos nosotros, trabajadores asalariados o en formación.

Ahora más que nunca el anarquismo debe darse a conocer. El movimiento anarquista es minoritario, pero podría tener mucha más repercusión entre la clase trabajadora. Las organizaciones van creciendo poco a poco, pero falta dar el salto. No terminamos de encontrar las fórmulas para que la gente sepa de nuestra existencia y conozca la alternativa que proponemos a este sistema.

Los mass media no son el camino

Aunque es un debate muy manido vale la pena volver a insistir en ello. En muchas luchas se ha situado como objetivo central tener repercusión en los llamados mass media, incluso a costa de rebajar el discurso y moderar los actos. No creemos que ese sea el camino más adecuado.

Nuestro discurso debe llegar íntegro y con todos sus matices a nuestros compañeros de clase social y no adulterado o suavizado, lo que generalmente sólo le hará incomprensible. La única forma de que esto sea así es creando nuestros propios medios y no delegando la labor informativa en los medios del capital que nunca podrán ser útiles para difundir nuestras ideas.

No pueden sernos útiles porque, aunque se haya dicho muchas veces volvemos a repetirlo, están en manos del gran capital, de nuestro enemigo natural. Lo están, en primer lugar, a través de su principal vía de financiación: la publicidad. Es sabido que un medio nunca dará una información que vaya en contra de los intereses de sus anunciantes, pues sin ellos el medio no podría existir.

Más allá del control a través de la publicidad, los propios medios pertenecen a conglomerados empresariales que tienen los mismos intereses que cualquier otra empresa: la paz social para poder desarrollar en las mejores condiciones posibles su negocio. Sobra decir que nuestros objetivos son contrapuestos.

Para rematar el asunto, si echamos un vistazo a los propietarios de los medios (habitualmente ocultos) encontramos a capitalistas que a su vez son inversores en industrias que poco tienen que ver con la información. Por poner un ejemplo, Pascual Serrano describe de este modo en su libro Traficantes de información a los propietarios del principal grupo multimedia de comunicación español, Prisa, afín históricamente a la izquierda parlamentaria del Estado:

Si observamos las personas que integran el consejo de administración de Prisa y los vocales de la comisión ejecutiva descubriremos que también son consejeros o altos cargos de empresas como las siguientes: constructoras e inmobiliarias como Aguirre¬Newman, Sacyr Vallermoso, Libertas 7 […]; financieras y bancos como Banco de Valencia, Corporación Caixa Galicia, Apax […]; de energía como Abengoa, Bioetanol Galicia […]; textiles como Armani y Adolfo Domínguez. Y además Altadis, Vodafone, Roche Farma o Iberia. Es evidente que, de algún modo, se debe reflejar en la línea informativa del grupo que los gestores de la empresa cobren también de todas esas firmas.[1]

Poco más se puede añadir, salvo la evidencia de que la libertad informativa en estas empresas de comunicación no existe, de modo que ya no dependemos ni de la buena voluntad del redactor de turno sino de los intereses de los capitalistas a los que combatimos diariamente.

Dicho esto, y dando por hecho que el aparecer en los medios no debe ser un objetivo general en nuestras luchas, no quiere decir que en una coyuntura determinada como pueda ser un conflicto laboral al que se trate de dar la máxima repercusión a nivel local en un periodo breve no se pueda acudir a los mass media  como un recurso más. Como es lógico, siempre existen excepciones, nosotros solo tratamos de elaborar un marco general.

Necesidad de crear una red propia de información

Aceptando que los mass media no son un vehículo adecuado para nuestra información, es el momento de crear alternativas. Lo primero que hay que plantearse son los objetivos que deben cumplir los medios propios del movimiento anarquista.

Lógicamente, el principal objetivo compartido con cualquier organización anarquista en estos tiempos es la difusión de las propuestas libertarias, generalmente ignoradas por el común de los mortales. En cuanto a órgano de expresión del movimiento, o bien de un grupo concreto, un medio anarquista debe servir para dar a conocer la actividad que se desarrolla (visibilizar) y la que está por venir (fomentar la participación), es decir convocatorias y anuncios de futuras acciones.

Además de esa función de cara al exterior, la prensa anarquista debe cumplir un papel de autoformación entre la militancia, como siempre lo ha hecho a lo largo de su historia. Por una parte debe incluir textos formativos y por otro debe dar la oportunidad a todos de expresarse con espacios de libre publicación.

Teniendo en cuenta los objetivos de los medios libertarios, tanto de cara al exterior del movimiento como al interior del mismo, y conociendo los condicionantes y limitaciones en estos momentos, hay que seleccionar el formato más idóneo para desarrollarlos.

Idoneidad de Internet para la propaganda generalista

Durante décadas el principal impedimento a la hora de crear alternativas a la prensa del gran capital fue su alto coste. La generalización de Internet (a pesar de ser España uno de los estados donde resulta más caro el acceso de Europa) nos sitúa en un nuevo contexto. Con muy poco dinero es posible crear un medio con la capacidad potencial de llegar a un amplio número de personas. Aunque el futuro es incierto y el dominio de las grandes empresas también acecha el espacio virtual, el anarquismo debe aprovechar Internet, como ya se está intentando hacer a través de varias iniciativas.

Hay varios factores que hacen de Internet la plataforma idónea para nuestros medios. El primero, la mencionada gratuidad (o casi) que, dadas las circunstancias (pocos militantes en nuestras organizaciones y por tanto poco dinero) le convierten prácticamente en la única opción.

Para que la propaganda tenga posibilidades de salir a la calle de forma efectiva, además de los bajos costes de producción también es necesario que esta sea completamente gratuita para el que la consuma. Es decir, vender una publicación anarquista, aunque sea por un precio simbólico, es una buena forma de asegurar que ésta sólo será leída por anarquistas. Hay que tener en cuenta que la gente no está dispuesta ni a pagar por la prensa convencional, cuyas ventas están cayendo en picado a pesar del prestigio acumulado y de sus inversiones publicitarias. Si un trabajador de a pie no está dispuesto a gastarse un euro en El País, lo más normal es que tampoco lo haga en una publicación anarquista.

Más allá de cuestiones económicas, la distribución es la otra gran barrera que internet permite sortear. Con unas fuerzas escasas como las nuestras, las posibilidades de difundir físicamente la propaganda son pocas. Puede funcionar, y nunca debe dejar de hacerse, cuando el objetivo es un grupo concreto: panfleteos en una empresa en conflicto o en una manifestación, por ejemplo. En este caso se gana lo que internet no aporta, cercanía y relación cara a cara. Pero la capacidad de difusión es muy reducida, y además arbitraria, cuando se trata de propaganda generalista. Internet permite que cualquier cosa que se publique esté al alcance de cualquiera. La cuestión es darlo a conocer, especialmente entre las personas que puedan estar más interesadas en un principio.

Características generales de un medio anarquista

Definidos los objetivos que debe tener el medio anarquista y considerando Internet su hábitat más adecuado, con todas sus particularidades en cuanto a formatos y contenidos, es el momento de establecer unas características generales.

Dado que el concepto de movimiento anarquista es bastante difuso y difícil de encuadrar y teniendo en cuenta que somos partidarios de la organización formal como ya expusimos en el texto Organización e insurreccionalismo[2], vamos a partir del supue sto de que el medio esté gestionado por una organización libertaria.

En este contexto es especialmente útil que se designe a un equipo editorial permanente entre la militancia de la organización que se encargue de actualizar la página y elaborar contenidos.

Una buena forma de dar a conocer los principios ideológicos del grupo de una forma potable para personas que no son militantes son los artículos de opinión acerca de la actualidad. El equipo editorial puede encargarse de forma periódica de escribir un artículo breve posicionándose sobre algún hecho acaecido en las últimas fechas.

La actualidad sobre la que se escriba no tiene por qué venir marcada por los medios, que habitualmente tienen una agenda definida por los partidos políticos y los poderes fácticos. Es importante mantener una agenda propia que cree interés, como ya lo hacen los medios de contrainformación y propuestas informativas interesantes como el quincenal Diagonal, independientemente de la línea editorial de cada uno.

Además del artículo editorial de opinión sobre la actualidad, siempre es útil completar el medio con información dividida en secciones que faciliten su lectura y mejoren la presentación de la página.

Esto es sólo una propuesta, no pretendemos desacreditar los proyectos de información alternativa que llevan mucho tiempo desarrollándose o las publicaciones propagandísticas que realizan en la actualidad varias organizaciones libertarias a lo largo y ancho del Estado, cuya labor para mantener vivos estos periódicos en las circunstancias actuales es encomiable.

Lo que intentamos es aportar nuestro granito de arena a este aspecto que las organizaciones libertarias no deben dejar de lado, pues son parte clave en lo que debe ser la prioridad en nuestros tiempos: la difusión de las propuestas anarquistas y el reforzamiento de las organizaciones del movimiento libertario.


[1]P. Serrano, Traficantes de información, Madrid, Foca, 2010.

El 20-N y el “Antifascismo” desde una óptica anarquista

•17 noviembre 2010 • 1 comentario

Otro año más llega el “20N”. Una fecha plagada de macabras efemérides en la historia reciente de España. Desde la muerte de Durruti (1936), hasta el fallecimiento de Franco (1975) pasando por el fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera (1936) y, más recientemente, el asesinato de Santiago Brouard (1984) a manos del GAL y Josu Muguruza (1989) tiroteado por dos fascistas de la organización Bases Autónomas, uno de ellos el célebre Ricardo Sáenz de Ynestrillas.

Y un año más por todo el territorio del Estado se organizan manifestaciones. Toda una exhibición de fetichismo obrero y parafernalia de temática antifascista tomando las calles de las principales ciudades del Estado como si en plena Guerra Civil nos encontrásemos. Quizá se produzca alguna carga policial, puede que incluso una auténtica reyerta contra unos neonazis. Pero al igual que todos los años llega el 20N, también es habitual que después llegue el 21, y con él, el fin de toda esta “ofensiva antifascista”. Desaparecen las manifestaciones, las banderas, las charlas, desaparece hasta el mismo “movimiento antifascista” que se echa a hibernar hasta el siguiente 20N, o bien hasta que algún partiducho neofascista convoque algún acto simbólico, casi pidiendo a gritos que alguien se lo intente reventar para tener su minuto de gloria en la televisión.

Lo curioso es que el “movimiento antifascista” no desaparece por falta de efectivos. Demostrado queda que es capaz de congregar a muchas más personas que la mayoría de movimientos sociales cuando la ocasión se presenta, como lo fue el asesinato de Carlos Palomino, precisamente en vísperas de un 20N que fue bastante concurrido a pesar de la presión policial. La realidad es que, pasadas estas fechas, todo se diluye y se convierte en un goteo de peleas callejeras, no muy distintas a las que protagonizan los miembros de diferentes bandas o tribus urbanas. Totalmente idénticas a ojos de un trabajador de a pie, que no se siente identificado con las motivaciones del antifascismo.

Y por qué. ¿Por qué la clase trabajadora no sale a la calle a luchar contra el fascismo? Muy posiblemente porque nadie ve al fascismo como una amenaza más que el propio “movimiento antifascista”. No es fácil convencer a nadie de que esos 50 cabezas rapadas que acuden a las manifestaciones del MSR o de Democracia Nacional (cada unos a las suyas, eso sí, que si no la lían) y que dan un aspecto patético rodeados por el triple de policías protegiéndoles de turbas que les apedrean allí por donde pasan, son el brazo armado del capitalismo democrático. No es fácil convencer a nadie, porque no es cierto.

Puede que en el primer tercio del siglo XX el fascismo tomara el papel de arma de la burguesía contra el imparable avance de los movimientos revolucionarios en toda Europa, pero si trasladamos esa situación al contexto actual la cosa no se sostiene. Al menos si consideramos que los grupúsculos neonazis son el verdadero fascismo hoy día. Atacar a los neonazis es simplemente ir a la superficie del problema que no es otro que el nacionalismo, la verdadera ideología que sostiene y legitima al estado, y de la cual, hoy en día el nazi-fascismo no es más que una interpretación llevada a extremos paranoicos como ese miedo/odio irracional hacia los extranjeros (sólo a los que son pobres, eso sí).

Llegados a este punto, podríamos concluir que la táctica antifascista es un error en la percepción del verdadero enemigo, que no está en los parques pintando esvásticas al revés sino sentado en las poltronas del Estado y de las grandes corporaciones. Podríamos, si no fuera porque la utilización de la famosa “unidad antifascista” por grupos dudosamente revolucionarios ya nos suena de algo.

No enumeraremos una vez más todas las luchas que los partidos de la izquierda autoritaria han vaciado de contenido y posteriormente domado y destruido en post de la famosa unidad. Nos limitaremos a intentar no entrar de nuevo en el juego. El hecho de que varios colectivos estén en contra de los neonazis es más un síntoma de cierta cordura que de identidad ideológica. Por lo tanto, seguimos considerando que no luchamos por lo mismo que los partidos marxistas, a pesar de que ambos sintamos un profundo desprecio por los grupos racistas y xenófobos. Y por lo tanto, no vemos la necesidad de que se produzca ninguna unidad en torno a una amenaza que no es tal, por mucho que digan, y que nos haga renunciar a cualquiera de nuestros principios tácticos.

Queremos unidad, sí, pero unidad contra el verdadero enemigo: el Estado, y su ideología: el nacionalismo. Unidad contra todo lo que posibilita que el nacionalismo cale en el pueblo alejándolo de toda ansia de emancipación. Unidad contra el autoritarismo, contra la censura, la represión y la explotación. Unidad contra el capitalismo y por el comunismo libertario:

POR UN MUNDO SIN FRONTERAS, SIN ESTADOS, SIN GOBIERNOS Y, POR LO TANTO, SIN FASCISMO

GRUPO ANARQUISTA LOS INCENDIADORES

 

Organización e insurreccionalismo

•8 octubre 2010 • 4 comentarios

¿Es  la organización formal el método más idóneo para el desarrollo de la acción anarquista o supone un lastre para el espontaneísmo y  se convierte en un aparato burocrático contrarrevolucionario? En la actualidad, quizás por la propia situación marginal en la que se encuentra el anarquismo este debate que parecía superado se reabre.

Los grupos que se posicionan en contra de la organización formal ocupan un amplio y difuso abanico ideológico. De forma general comparten el rechazo a las tácticas tradicionales del movimiento libertario español, cuyo eje angular siempre fue el anarcosindicalismo, al que habitualmente consideran como vanguardista. Un ejemplo de esta propuesta fue la Coordinadora de colectivos Lucha Autónoma, en cuyo texto ¿Qué es la autonomía?(1) explicaban que la autonomía busca dotarse de formas organizativas (la autonomía no implica necesariamente espontaneismo), pero unas formas de organización que no aspiran a sustituir a los protagonistas de las luchas, no busca erigirse en vanguardia (o no debería hacerlo)”. Esta disputa entre insurreccionalismo y organización formal es uno de los eternos debates en el movimiento libertario cuyo resultado va fluctuando en las diferentes fases de la lucha de clases.

Fluctuaciones y tácticas adecuadas para cada fase.

La lucha de clases no es un proceso monolítico e invariable. Atraviesa distintas fases a lo largo de la historia. Unas se caracterizan por un estado de mayor confrontación entre clases, a las que llamaremos fases insurreccionales, y otras por una disminución de la lucha social provocada por una pérdida de conciencia de clase, a las que llamaremos fases de retroceso.

La historia del movimiento obrero español nos muestra épocas de gran actividad insurreccional. Paradigma de ello fueron los años 30 del siglo XX en Cataluña. En esta fase insurreccional, el movimiento obrero estaba muy organizado en una poderosa central sindical, la CNT, complementada por una serie de organizaciones específicas libertarias, que le dotaban de una gran fuerza. Por tanto, las conquistas a las que se podía aspirar eran superiores, llegando incluso a la realización de la Revolución Social, tal y como muestra la clara vocación de construir una nueva sociedad plasmada en los acuerdos del IV Congreso de la CNT de 1936, en los que se hace alusión directa al Comunismo Libertario y a las estructuras organizativas postrevolucionarias. Todo este movimiento dio como resultado la revolución iniciada con el golpe militar en julio de 1936.

En un contexto como el que se inició el 19 de julio del 36, el movimiento libertario puede y debe tomar una línea insurreccional que haga efectiva la implantación de una sociedad sin clases y sin Estado. Debido a este proceso de cambio radical de sistema y organización social, es natural que se empleen tácticas informales ya que permiten tener una mayor flexibilidad en la lucha y dar una respuesta rápida a los ataques de la reacción y la contrarrevolución. Las iniciativas de control obrero surgieron de forma espontánea respondiendo a la necesidad de gestionar una industria que había quedado descabezada con la huida de la burguesía, así como el pueblo se echó a las calles de Barcelona para rechazar el intento de golpe militar sin necesidad de que nadie se lo ordenara. No obstante, esta informalidad en la organización no debe perdurar en el tiempo. Según vayan sucediéndose los acontecimientos y se consiga instaurar la sociedad sin clases y sin Estado, la organización del conjunto de la sociedad deberá tornar hacia una organización formal para evitar que los problemas derivados de las tácticas informales, que trataremos más adelante, se trasladen a la nueva sociedad. Como ejemplo de organización formal post-revolucionaria nos queda el recuerdo de la experiencia colectivizadora aragonesa organizada en el Consejo Regional de Defensa de Aragón.

No es difícil darse cuenta de que la situación actual de la lucha de clases es bien diferente en nuestra actual sociedad.  El movimiento obrero tiene muy poca fuerza y la burguesía hace y deshace lo que le viene en gana sin ninguna oposición. La clase trabajadora, carente en su amplia mayoría de conciencia de clase, se encuentra desorganizada y en manos de los sindicatos burocráticos (CCOO y UGT), inoperantes y financiados por el Estado, como única herramienta de defensa contra las agresiones de la  burguesía. Las organizaciones y tácticas libertarias han perdido presencia en el movimiento obrero, hasta convertirse en algo meramente testimonial. La lucha de clases se reduce a meras concesiones reformistas haciendo de ella una caricatura de lo que fue.

Debido precisamente a la escasa fuerza del movimiento, es preciso que éste tome cuerpo en la organización formal a fin de no verse reducido a la marginalidad, e ir tomando presencia en el conjunto de la sociedad, propagando la idea revolucionaria y acumulando las experiencias que se vayan dando en la lucha. La fase de retroceso no posibilita otra táctica.

En esta fase de la lucha de clases, el movimiento revolucionario debe tener como prioridad la acumulación de efectivos y la difusión de sus propuestas, generalmente desconocidas por el conjunto de la clase trabajadora. En este contexto, la táctica reformista se vuelve inevitable, lo que crea el peligro a que se confundan las tácticas y los fines provocando derivas reformistas y fracturas en el movimiento obrero, tal y como ocurrió con la CNT en los años 80. Ejemplo de táctica reformista en este proceso es la del anarcosindicalismo, con objetivos a corto plazo innegablemente reformistas pero con fines y objetivos revolucionarios en el horizonte.

Defectos de la táctica insurreccional en la fase de retroceso.

Una de las críticas más habituales por parte de los insurreccionalistas a las organizaciones formales es el hecho de que éstas supuestamente tienden a desarrollar una jerarquía formal o informal y a quitar el poder a las bases. Lo cierto es que este argumento, tal y como replica Joe Black en su artículo Anarquismo, insurrecciones e insurreccionalismo(2), es “una buena crítica del leninismo o de las formas social-demócratas de organización, pero no describe, en realidad, las formas anarquistas de organización existentes, en particular, la organización anarco-comunista. Los anarco-comunistas, por ejemplo, no pretenden sintetizar todas las luchas en una organización única. Mas bien, creemos que la organización específicamente anarquista debe involucrarse en las luchas de la clase obrera, y estas luchas deben ser dirigidas por la misma clase no dirigidas por una organización cualquiera, sea  anarquista o no.”

La experiencia precisamente nos demuestra que estas jerarquías surgen fuera de las organizaciones formales por falta de mecanismos organizativos que las eviten. La organización formal, con una serie de mecanismos prefijados para evitar la aparición de grupos informales de poder en su seno, es de hecho, una garantía de que esto no ocurra. Por poner un ejemplo cercano, en la CNT, cuando un comité de un sindicato adquiere un carácter jerárquico y ejecutivista, existen los mecanismos necesarios para que la asamblea destituya a este comité y elija a otro. Además, cada cargo sólo puede ser ocupado por una misma persona durante dos años, prorrogable a tres si así lo considera la asamblea de dicho sindicato. También, una persona con un cargo en el comité puede ser destituida en cualquier momento si no cumple con la responsabilidad que requiere dicho cargo o por cualquier otra razón que considera la asamblea oportuna. Esta serie de mecanismos, reflejados en los acuerdos de la organización, no existen en una asamblea espontánea, por lo que ésta tendrá más complicado enfrentarse a la aparición de una élite que la dirija, aunque ésta esté formada precisamente por anarquistas.

Un segundo defecto es el aislamiento que provoca la táctica insurreccional en la fase de retroceso. Como ya hemos dicho, esta fase se caracteriza precisamente por un movimiento libertario débil, por tanto, su prioridad debe ser la propaganda que dé a conocer la idea anarquista al resto de la sociedad para poder crecer numéricamente a la vez que los militantes se van formando en el transcurso de este proceso. Por consiguiente, una táctica insurreccional dirigida al ataque directo y continuado de instituciones capitalistas y estatales sólo puede provocar que el resto de la sociedad no entienda estas acciones por el propio desconocimiento de las propuestas y tácticas anarquistas y, por ende, no se consiga concienciar a este conjunto amplio de la sociedad sino, más bien, crear en ellos un rechazo que será efectivamente abonado por los medios de comunicación en manos del gran capital.

Uno de los grandes beneficios que aporta una federación asamblearia es la posibilidad de coordinar luchas en espacios muy amplios. Cuando no se cuenta con una organización formal, llevar a cabo acciones coordinadas, por ejemplo, a nivel estatal, es siempre más complicado, aunque no imposible. Cierto es que existen ejemplos de luchas más o menos amplias coordinadas sin necesidad de una organización formal, pero existen muchos más  de lo que una organización formal puede conseguir, aun estando formada por pocos miembros. Todo esto por no mencionar uno de los principios básicos de la táctica anarquista como es la coincidencia entre fines y medios. Si aprendemos a coordinarnos en organizaciones más o menos amplias, estaremos formándonos de cara a una sociedad sin estado, en la que la coordinación entre diferentes colectivos será una necesidad habitual, y demostrando que la organización anarquista es efectiva incluso para actividades de un alto grado de complejidad.

Por otro lado, la ausencia de organización formal es indudablemente un problema en el aspecto de la acumulación de experiencias. La asamblea informal tiene por definición un objetivo concreto que responde a un problema puntual. Una vez finalizado el conflicto, lo más habitual es que la actividad se diluya y con ello se esfumen muchos de los lazos creados durante el conflicto y se pierdan los hábitos que tanto cuesta crear y que tan efectivos resultan a medio y largo plazo. La inercia creada durante el transcurso de los conflictos no se aprovecha y las tácticas que han funcionado pueden no perdurar en el tiempo. Ahí nos queda toda la lucha estudiantil llevada a cabo contra la implantación del llamado Plan Bolonia, de la que ha desaparecido todo rastro en apenas un par de años. Sin acumulación de experiencias estamos condenados a repetir los errores cometidos en el pasado.

Si nos centramos en el aspecto de las luchas obreras, el anarcosindicalismo parte de pequeños conflictos de carácter reformista, como puede ser una lucha por una subida de salario en una empresa concreta, para que, a través de la concienciación de la clase trabajadora, las luchas se generalicen hasta una escala amplia que produzca un colapso en el sistema. Por lo tanto, una de las funciones de la organización formal en este ámbito es la propagación de los conflictos. Gracias a la federación, podemos contar con una respuesta rápida a cualquier petición de solidaridad por parte de cualquier otro colectivo, sindicato, etc. que componga dicha organización. Aunque es evidente que no es necesario estar federado con otro colectivo para mostrar tu solidaridad con él, también es fácil ver que la solidaridad podrá ser más rápida y efectiva cuando existe una relación formal y un trabajo en común que se realiza de forma habitual.

Por último, fijándonos en el aspecto represivo, del que cualquier colectivo que pelee contra el sistema de forma aislada puede ser una presa fácil, la federación nos dota de un cuerpo protector frente a los ataques que podamos recibir. Permite una mayor y más contundente respuesta a la represión ya que el Estado, mediante los cuerpos represivos, no se enfrentará sólo contra un determinado grupo aislado, sino contra una organización entera.

En definitiva, las ventajas de la organización formal son, como la historia y la propia experiencia nos ha demostrado, muy superiores a los de la organización digamos espontánea o autónoma. Además, la organización formal es la mejor salvaguarda para las aspiraciones revolucionarias que desgraciadamente suelen derivar en luchas meramente reformistas cuando se actúa de forma desorganizada y dispersa. Siendo conscientes de la fase actual de la lucha de clases en la que nos encontramos, la prioridad del movimiento anarquista debe ser el reforzamiento de las organizaciones que lo componen, sin descartar el surgimiento de otras nuevas, y la propaganda masiva de nuestras propuestas, pues nuestro ideal es nuestra fuerza y será el motor para la definitiva emancipación de la humanidad.

Grupo Anarquista Los Incendiadores.

1. Lucha Autónoma “¿Qué es la autonomía?”

http://lahaine.org/pensamiento/lucha_madrid.htm

2. Joe Black “Anarquismo, insurrecciones e insurreccionalismo”  http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=4324

 
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