El eterno asesinato político de Durruti

•2 Septiembre 2009 • Comentarios desactivados
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Cartel de la Guerra Civil en memoria de Durruti

Navegando sin un rumbo fijo, encontré hace un par de días, una entrevista a José Antonio Martín “Petón”, representante de jugadores de fútbol, comentarista deportivo y se ve que autor de una biografía sobre el fundador de Falange y de la doctrina del nacionalsindicalismo, José Antonio Primo de Rivera, al que Petón considera todo un “referente ético”. La entrevista no eramuy interesante, y se hablaba más de fútbol que de otra cosa, pero me llamó la atención que, sin previo aviso, apareciera por allí el bueno de Buenaventura Durruti. Petón afirmaba que Durruti se había mostrado en contra del fusilamiento de José Antonio y le atribuía la siguiente frase: “con la muerte de José Antonio, si llega a consumarse, morirá también toda esperanza de reconciliar a los españoles antes de muchas décadas”.

Nunca había leído nada sobre la oposición de Durruti al fusilamiento de José Antonio que, cosas de la vida, se produjo el mismo día de su muerte en Madrid en circunstancias que difícilmente se esclarecerán algún día. Pero tampoco me pareció inverosímil, lo que me sorprendió es como, una vez más, la figura de Durruti es empleada interesadamente, en este caso, tratando de revelar una supuesta simpatía del miliciano anarquista por el aristócrata filofascista.

Es curioso que un personaje como Durruti, con todo un historial de lucha anarquista, y que se mostró fiel a sus principios hasta el día de su muerte, raramente sea criticado desde otras ideologías. Es, de hecho, una especie de mito al que todo el mundo trata de ligar a sus propias luchas.

Las tergiversaciones más flagrantes sobre la vida y obras del anarcosindicalista leonés han venido, como suele ocurrir en estos casos, desde el sector estalinista. Aunque hoy en día, afortunadamente, el camarada Stalin y su modus operandi ya no tengan muchos adeptos, su dialéctica sigue viva junto a algunas de las muchas mentiras que sembraron sus lacayos, muy especialmente en todo lo que se refiere a la Guerra y Revolución españolas.

Uno de los mitos sobre la muerte de Durruti más defendidos por los estalinistas fue que éste fue asesinado por la espalda por sus propios compañeros. Los anarquistas más radicales y fanáticos de la FAI (en la que por cierto, Durruti siempre había militado defendiendo las posiciones más vanguardistas), habrían acabado con su vida por un supuesto acercamiento de Durruti a la estrategia de los comunistas. Muchas veces está versión es adornada con un último detalle: Durruti se habría afiliado al PCE de forma secreta, y estaba esperando el momento más adecuado para sacarlo a la luz. Por muy delirante que parezca, esta fue la historia que defendieron los corresponsales soviéticos de la época, y la que aún hoy, más de uno se atreve a defender en foros o conversaciones de barra de bar.

Biografía de Durruti por Abel Paz

Biografía de Durruti por Abel Paz

No es mi intención responder a estas farsas, pues cualquiera que lea sobre vida de Durruti sabrá que es algo carente completamente de fundamento. Es esclarecedora su última aparición pública, la conocida como la “Carta a los obreros rusos”, escrita por Durruti en el aniversario de la revolución de Octubre, unos días antes de su muerte. Como escribe Abel Paz “es un texto de un obrero que se dirige a otros obreros, recabando de ellos una acción revolucionaria a favor de un proletariado revolucionario que lucha por la revolución social, y que afirma su propósito de llevarla adelante”. En el texto no se menciona a los bolcheviques ni a Stalin como líder del proletariado mundial, lo que probablemente supuso su censura en la URSS. Esta carta se puede leer aquí: http://es.wikisource.org/wiki/A_los_obreros_rusos_(B.Durruti)

No sólo los estalinistas trataron de apropiarse de la personalidad de Durruti. El propio gobierno Republicano de la era Negrín trato de hacerle pasar a la historia como un oficial del Ejército Popular al que Durruti se había opuesto totalmente, defendiendo el sistema de milicias populares. El 25 de abril del 38, Negrín enviaba un documento por el que se nombraba a Durruti teniente coronel “por sus servicios prestados a la República”, siendo rechazado este dudoso honor por su viuda Émilienne Morin.

Cartel manifestación 20-N de 2006

Cartel manifestación 20-N de 2006

Más recientemente, en 2006, la clásica manifestación antifascista del 20-N que se celebra todos los años en Madrid, se hacía bajo el lema “República, autodeterminación, socialismo”. Este asunto provocó un amplio debate del que no nos haremos eco aquí, y la división de la manifestación en dos bloques: uno contrario al lema de la manifestación, formado esencialmente por anarquistas, y otro digamos, oficialista, básicamente compuesto por comunistas. Lo de siempre vaya. Pero lo curioso es que, en esta manifestación de 2006, cuando se cumplían 70 años de la muerte de Durruti, en el sector oficialista que marchaba por la proclamación de la III República se enarbolaba una pancarta con la cara de Durruti, cual Che Guevara o Lenin, ante la atónita mirada del sector antiautoritario, que se había desligado de la organización precisamente por su lema escasamente libertario.
En los últimos tiempos, también la socialdemocracia parece estar dispuesta a convertir a Durruti en todo un mito de la democracia burguesa. El 20 de noviembre de 2006, El País publicaba un artículo titulado “Homenaje a Durruti”, honrando la memoria de este luchador antifascista que en su día declaró no sentir ninguna simpatía por los periodistas profesionales, asalariados pero con nula conciencia de clase. En cualquier caso, en todas las esporádicas apariciones de Durruti en la prensa burguesa es tratado como líder militar más que como militante revolucionario.
Ahora parece que también los fascistas se apuntan al carro, a juzgar por las palabras de Petón del que desconozco su ideología aunque su simpatía por Primo de Rivera y los falangistas le hace sospechoso. En la entrevista ya mencionada, Petón trataba de conectar a José Antonio con Durruti exponiendo curiosos vínculos como las negociaciones infructuosas que existieron durante la II República, según él, entre nacionalsindicalistas y anarcosindicalistas; las manifestaciones de Durruti en contra de la previsible ejecución de José Antonio; y la militancia falangista de los hermanos del libertario.

Madrid, 20 de noviembre de 1936, Durruti yace en una cama del Hospital de la Columna en Madrid, instalado en el Hotel Ritz

Madrid, 20 de noviembre de 1936, Durruti yace en una cama del Hospital de la Columna en Madrid, instalado en el Hotel Ritz

Desde todos los sectores se ha tratado de atraer hacia sí la figura de Durruti, obviando que luchaba, precisamente contra todo lo que ellos representan. Extrayendo de su vida sólo los aspectos que a cada uno le han interesado y dejando a un lado el resto. Si estudiamos en conjunto la vida de Buenaventura Durruti, sin caer en mitificaciones, descubrimos todo un ejemplo de una persona íntegra, ajena a los liderazgos, fiel a sus principios revolucionarios y libertarios hasta su muerte y, en definitiva, poseedora de una ética aplastante y personalización de los principios de la lucha anarquista.

Entrar, hoy en día, en pesquisas sobre su oscura muerte es un trabajo baldío, pues prácticamente no quedan testigos de aquella época y demasiados intereses cruzados han imposibilitado durante años las investigaciones. Lo que es inaceptable es que, 70 años después de su muerte, se siga insistiendo en su asesinato político, convirtiendo a Durruti en una leyenda según la conveniencia de cada cual, carente de un discurso coherente como el que defendió siempre en vida. Nuestra labor es que la obra de Durruti no sólo no caiga en el olvido ni en la manipulación sino que pueda ser continuada, por nosotros y por futuras generaciones.

La música como medio de expresión

•23 Junio 2009 • Comentarios desactivados

No son pocas las veces que me dicen: “Eh, pues yo valgo como manager, ¡plantéatelo!” o “nos va a salir un músico en la familia, igual en unos años eres famoso” con una sonrisa de felicidad en la cara. Yo les río, pero en ningún momento deseo vivir de la música, ni tener managers que vivan de algo que yo o cualquiera del grupo podemos hacer perfectamente, y mucho mejor que un manager, ya que nosotros montaremos conciertos cuando podamos o queramos, no cuando mande el dinero. Tampoco hace falta un manager para negociar con las discográficas, porque a éstas, cuanto más lejos estén, mucho mejor.

No se puede cantar contra el capitalismo cuando es el capitalismo es que te está dando de comer. Bueno, se puede y de eso bien saben Reincidentes, Boikot, Ska-p demás grupos de esta calaña. Se puede cuando dejas tus principios olvidados en un rincón y cuando en tu mente manda el dinero y no tu conciencia. Ante tanta hipocresia la solución es el boicot.

Y para apoyar este boicot, ¿por qué no potenciar la autogestión? Oh! Autogestión, bonita palabra que los Ska-p bien saben utilizar que no practicar. La autogestión como alternativa a los managers, quien mejor que les propies componentes del grupo para decirdir cuándo tocar, con quién y dónde. La autogestión como autofinanciación, con el dinero que puede aportar cada componente y con lo que se saca de los conciertos. También, la autogestión en la distribución, siendo tú misme quien difunde el disco y con la colaboración de organizaciones afines, como son los sellos alternativos o anticomerciales, que dan una mayor capacidad de difusión de la música ,y de otras artes, que la que puedes llegar a alcanzar sin su colaboración. Autogestión en la producción y en la edición. Aquí el tema de la autoproducción se queda algo limitado, porque no se poseen los medios necesarios para obtener un buen sonido, por tanto hay que recurrir a los estudios de grabación que están montados como un negocio más y no como un medio de producción propiedad de las organizaciones musicales que quieran disfrutar de sus servicios.

Pero aún así, vemos que exite una alternativa al consumismo musical que promueve el capitalismo, que la trata como un producto cualquiera del cual saca un suculento beneficio y que le sirve para difundir la ideología dominante, ideología marcada por la pasividad, el individualismo, la estética y los prejuicios.

La adulteración del movimiento feminista y la decadencia de las luchas obreras

•27 Mayo 2009 • Comentarios desactivados

La práctica desaparición de las luchas obreras que ha ido produciéndose paulatinamente desde la primera mitad del siglo XX hasta nuestros días, es un hecho incontestable, ampliamente debatido y con una causa clara y ampliamente aceptada como es la aparición de la clase media. Pero a estas alturas, uno se pregunta, ¿y qué fue del movim463px-Womanpower_logoiento feminista? Si se establece una comparación con el proceso de degeneración de las luchas obreras, se puede decir que ambos han sufrido un similar proceso de absorción y destrucción por parte del sistema.

Desde un punto de vista cercano a nosotros, en un entorno supuestamente libre de machismo y de patriarcado como el movimiento anarquista, anticapitalista, antisistema o como se quiera llamar, ¿por qué hay menos mujeres que hombres (en general) en las organizaciones (sindicatos, colectivos, asambleas…)?, ¿porqué menos compañeras que compañeros acuden a manifestaciones o a cualquier acto que no sea específicamente feminista? Se puede teorizar (es lo que voy a hacer) pero, desde luego no es buena señal.

Si en nuestras organizaciones no existe una estructura, ni unas costumbres machistas, y creo que de hecho no existen, ¿es quizá que las mujeres (siempre generalizando), aún siendo anarquistas o feministas, no han conseguido liberarse de su posición sumisa  frente al hombre, al igual que el trabajador/a sigue siendo vasallo del dueño de su producción? La situación sumisa de la mujer  frente al hombre, recordemos, no es una condición natural, sino que está impuesta por el sistema patriarcal, al igual que la situación del asalariado está impuesta por el sistema capitalista. La respuesta podría ser sí, teniendo en cuenta que, en unas condiciones de igualdad cultural entre hombre y mujer, con las que contamos desde hace pocas décadas, la mujer sigue aceptando estructuras familiares machistas, en la que el padre es la máxima representación de la autoridad sobre los hijos y el que tiene la última palabra cuando en casa se tratan temas graves que, por ejemplo, puedan comprometer la unidad familiar.

Así pues, si el patriarcado sigue existiendo, si la mujer sigue ocupando un lugar secundario en la pirámide de poder en el núcleo familiar, y además, cuenta con una formación cultural que no tenía hace un siglo, ¿por qué ha desaparecido el movimiento feminista?  Es tan fácil de trasladar esta pregunta a la desaparición de las luchas obreras que todo hace pensar que la respuesta sea la misma. Ambos movimientos, en germen revolucionarios, han sido absorbidos por las instituciones de la democracia burguesa vaciándolos de todo contenido subversivo y convirtiéndolos en simples corrientes reformistas sin ninguna capacidad de protagonizar un verdadero cambio social.

Si ambos movimientos han ido ligados en su decadencia, la única esperanza feminismoes pensar que irán unidos en su resurgimiento. Los hombres partimos de una posición ventajosa por el papel protagonista que nos otorga la cultura machista, es por ello que debemos implicarnos tanto o más que las mujeres en su definitiva emancipación, empezando por la integración total de estas en las luchas sociales. Ante un futuro en el que la insurrección violenta se vislumbra cada vez más lejana, por la superioridad de las fuerzas represivas del sistema en la actualidad, las mujeres deben integrarse plenamente, y en igualdad de condiciones en las nuevas formas de lucha contra el capitalismo (y por lo tanto, contra el patriarcado), sin complejos y sin retraimientos pues sólo entre todas y todos podremos dar algún día la vuelta a esta inhumana realidad que nos rodea.

¿Está Grecia más cerca de la Revolución?

•22 Marzo 2009 • Comentarios desactivados

7145269Más de tres meses han pasado ya del asesinato de Alexis Grigoropoulos en Atenas, tras recibir un disparo efectuado por un policía antidisturbios. Este asesinato dio lugar a un mes en el que todo llegó a parecer posible. Se inició una ola de disturbios que se alargaba en el tiempo sin dar señales de desfallecimiento, y nos dio la impresión de que una auténtica revolución podría estar desarrollándose en Grecia. Nos animaban aun más las noticias de formación de asambleas de barrio, ocupaciones de ayuntamientos y organismos públicos, de medios de comunicación…

Pero los disturbios murieron. Los estudiantes habían llevado la mayor parte del peso en las movilizaciones y con la llegada de las vacaciones de Navidad, y a causa del desgaste de dormir durante semanas en las propias facultades, los combates callejeros se diluyeron. A muchos nos desilusionó, y nos planteamos si sólo había sido un espejismo, si todo el movimiento de diciembre había desaparecido. Tres meses después hay evidencias que nos hacen pensar que esto no ha sido así.

El caso más perceptible es la lucha de la compañera Konstantina Kúneva unakouneva-1 sindicalista empleada como limpiadora en el metro de Atenas, que fue atacada con ácido sulfúrico por defender sus derechos laborales. Un enorme movimiento de solidaridad se ha creado a su alrededor, y es innegable que diciembre tuvo un papel fundamental en la consolidación de los métodos de auto organización y apoyo mutuo entre trabajadores y estudiantes. Probablemente este conflicto no habría tenido un seguimiento como el actual antes de la revuelta de diciembre.

En ese sentido se puede decir que diciembre no fue en vano. Diciembre sigue vivo, principalmente en la convicción de que es posible enfrentarse a la autoridad con ciertas posibilidades de éxito. Aprovechando las propias trampas de la legislación del estado, como el hecho de que la policía no pueda acceder al interior de las facultades, se creó una estructura que permitió que los disturbios no muriesen tras los primeros días. Además hay que recalcar que la revuelta finalizó más por el cansancio de los propios manifestantes que por la presión policial.

En el aspecto más negativo, es de esperar una campaña de aumento de la represión por parte del estado. Esta ha comenzado con el proyecto de un nuevo cuerpo policial especializado en la lucha cuerpo a cuerpo y con la aprobación de una ley que prohíba ir encapuchado en manifestaciones. A pesar de todo esto, el estado está atado de pies y manos en cuanto a la utilización de métodos coercitivos o autoritarios, y quizás es más temible el aumento de los ataques paraestatales fascistas como el sufrido el 25 de febrero en un local de inmigrantes de Atenas, cuando un desconocido arrojó una granada de mano que por suerte explotó fuera del edificio sin causar ningún herido.

Aun con esta amenaza, hay que ver las revueltas de diciembre más como un paso que acerca la revolución de mañana que como una ocasión perdida. Por su escasa propagación por el resto de países europeos (tras tímidos intentos como los de Madrid, Barcelona o Berlín los disturbios no fueron a más), y por lo inesperado del estallido que impidió la existencia de un proyecto más o menos sólido a medida que las fuerzas del estado iban retrocediendo cada vez más, diciembre no era el momento para que de allí saliera nada parecido a un intento revolucionario. Pero desde luego puso las bases para que la situación empiece a girar tras muchos años, incluso décadas, de absoluta apatía en el viejo continente.

ev_plaketa_grhgoropoylos_dolofonia_4-thumb-mediumDesde un punto de vista más local, es evidente que el movimiento anarquista griego, actor principal de las revueltas de diciembre, está bastantes años por delante nuestro en cuanto a penetración en la sociedad aunque no tanto, creo yo, en lo referente a formas organizativas, si bien es difícilmente comparable dada su tradición antisindical que choca de pleno con la historia del movimiento anarquista en un estado como España, esencialmente anarcosindicalista.

Más allá de las acciones durante la revuelta, creo que hay más que aprender sobre las acciones anteriores a esta, y que permitieron que en diciembre un gran número de estudiantes y trabajadores se unieran a los anarquistas en las manifestaciones y en los disturbios. Muy interesantes son acciones como las incautaciones de alimentos básicos en los supermercados, distribuidos posteriormente de forma gratuita entre la población y diferentes actos de carácter vecinal y cultural que acercan a la población de los barrios de trabajadores al movimiento anarquista. Es una labor que no se realiza en unos pocos días sino que se lleva a cabo durante años y que debe ser una de nuestras prioridades. En definitiva, seguir luchando contra el sistema pero sin olvidar todo lo que nos rodea y que deberá acompañarnos en la creación de la nueva sociedad.

La destrucción de la clase media

•11 Marzo 2009 • Comentarios desactivados

Había una canción de Lagrimas y Rabia que decía “ya no estamos frente a frente, a ellos nada les pasa, tras la cortina de humo entre los ricos y las masas”. Esa cortina de humo ha ocultado a las clases dirigentes, perfectamente diferenciadas en la época revolucionaria y que hoy son un estamento más bien difuso y difícilmente localizable. La figura sobre la que tradicionalmente ha recaído el odio del trabajador, el patrón, ha sido sustituida por una persona o un grupo de personas que nunca conocerá y que se relacionarán con los peones de la producción a través de una maraña de cargos intermedios. Esta estructura mostrará la empresa como una pirámide de jerarquías aparentemente infinita.

La inclusión de estos mandos intermedios ha sido posible gracias a las mejoras tecnológicas que han permitido aumentar la producción reduciendo la mano de obra. La mano de obra sobrante, ha sido reacomodada en puestos intermedios y completamente innecesarios desde el punto de vista productivo.

Esta inmensa telaraña de supervisores, controladores, subcontratistas y demás “suboficiales” (la cortina de humo), es la columna vertebral del nuevo gran actor social aparecido tras la II Guerra Mundial: la clase media. La clase media paso de ser un grupo bastante reducido desde el final de la Edad Media, formado por artesanos y pequeños comerciantes, a convertirse en el tipo de ciudadano paradigmático de la civilización occidental capitalista, en tan sólo unas décadas.

Sin ánimo de intentar hacer un análisis sociológico mínimamente serio, es evidente que la gran mayoría de la población en Occidente pertenece a este borroso y desdibujado colectivo y, además, se siente a gusto con su pertenencia al mismo.

No es casual que la clase media inicie su gran expansión en los años 50, una época particularmente delicada para la democracia capitalista, teóricamente reforzada tras el triunfo sobre el fascismo pero en grave peligro, esta vez, a causa de la influencia comunista creciente en la empobrecida y arrasada Europa. Para luchar contra este peligro irán dirigidas una serie de medidas, fundamentalmente desde Estados Unidos y dirigidas a Europa ejemplificadas en el famoso Plan Marshall, destinado a luchar contra “contra el hambre, la pobreza, la desesperación y el caos”, es decir, contra todo aquello que pudiese crear un espíritu revolucionario que pusiera en peligro el orden económico burgués y su plataforma política, la socialdemocracia, como había ocurrido durante la primera mitad del siglo XX.

La estrategia resulta un verdadero éxito. Las mejoras tecnológicas permiten a las empresas no reducir su producción a pesar de las mejoras salariales de los trabajadores y la destrucción de la conciencia de clase obrera permite el rápido desmantelamiento de sindicatos y partidos revolucionarios. Nos encontramos con una estructura social novedosa en la que, curiosamente, las clases altas siguen representado un porcentaje de población bastante similar al de comienzos de siglo, pero se ha disparado la clase media. Esta clase media se rige por una ideología burguesa, es esencialmente individualista y su objetivo es escalar en la pirámide social, en ningún caso modificarla. Sin embargo hay algo que la diferencia de la auténtica burguesía, no tiene posesiones que produzcan capital. Es cierto que tiene más posesiones que la clase obrera del siglo XIX y comienzos del XX, pero son posesiones que no les producen beneficios: un coche, electrodomésticos, muebles, ¿una casa?…

Las posesiones productivas, es decir, las empresas, siguen en manos de la alta burguesía, más aun con el predominio de las multinacionales que han colapsado al pequeño comercio. Esta estructura solo se entiende, por tanto, considerando a las clases medias como actor en apariencia burgués, pero mantenido por las clases dominantes. Una clase obrera apadrinada por la gran burguesía con el objetivo de apaciguarla y acabar con su vocación revolucionaria.

La prosperidad de la economía capitalista durante la segunda mitad del siglo XX, ha permitido a las clases altas continuar subvencionando a las clases medias, mediante reformas sociales, aumentos salariales y mejoras en las condiciones de trabajo, incluso se han financiado las denominadas “obras sociales” por parte de empresas privadas de una forma aparentemente altruista. Todo este panorama cambia con el colapso de la economía especulativa en el 2008. No ha habido que esperar demasiado para ver como las clases altas, ante la reducción drástica de beneficios, han comenzado por reducir la financiación de la clase media. La política de reformas sociales ha frenado en seco, y se ha llegado a proponer incluso dar marcha atrás, degradando las condiciones laborales de los trabajadores, con propuestas como el aumento de la jornada laboral a 65 horas que, por el momento, no ha salido adelante ante el riesgo de aumento de la conflictividad social que acarrearía. Otras propuestas como la mayor flexibilización de los despidos siguen esta misma línea.

Todos estos intentos de abandonar la subvención de la clase media por parte de la alta burguesía, se producen tan sólo unos meses después del inicio de una crisis cuyo final no vislumbran ni los analistas económicos más optimistas. Tratar de predecir el futuro es absurdo, aunque la evolución de la clase media en el transcurso de la crisis económica será uno de los factores que marcarán la evolución de la situación social en los próximos tiempos. Por ahora el paro ya le está atacando directamente y es que, desde comienzos de año, el aumento del desempleo en el sector servicios, supera ya al de la construcción.

La permanencia de esta situación configurará el cambio en la estructura social de la era post-crisis. De alargarse, la destrucción de la clase media traerá consecuencias irremediablemente en contra de la “paz social” tan cuidadosamente mantenida por las clases dirigentes durante los últimos 50 años. El resultado, sólo el tiempo lo dirá.